Así como después de comer algo que puede dañarlo, el cuerpo vomita para salvarse, necesitamos vomitar algunas emociones para no enloquecer… He dejado de llorar, hace meses que no conozco la sensación de sanación después de que se llora tanto que te da sed; no, no es que no haya motivos, las cosas no han salido como lo había planeado, personas queridas y cercanas han muerto, los medicamentos son indispensables y el amor más cercano que he tenido se parece más a la lástima que “al quédate conmigo”. “¿A dónde van los sueños cuándo no se cumplen?” se pregunta una Leire que comienza de nuevo en la película “Piedras” de Ramón Salazar.

Cómo he escuchado los peligros del diagnóstico por Internet, he decidido encontrar las razones de la ausencia del llanto a través de mi experiencia, 37 años llenando el estómago de golondrinas y la mente de estrellas fugaces.

Primero les compartiré el diagnóstico: me he quedado sin lágrimas, no me terminé la dotación que me fue conferida al nacer, mis lágrimas se evaporaron; mis sueños provocaron un calor tan intenso que llegaron al punto en que se perdieron en el aire, probablemente durante la noche; si hubiese sido de día,  seguramente las hubiera encerrado en un frasco que traería permanente colgado al pecho, el único problema es que no me gusta usar accesorios por el prurito que me ataca, entonces debería pensar en un recipiente que me cause menos conflicto… decido mientras la lluvia me arrulla y las lágrimas perdidas de muchos otros se condensan en mi ventana, hacer una pequeña incisión en el pecho que llegue hasta el corazón, me parece un opción factible, sólo debo tener cuidado de que nada me emocione tanto como para que mi corazón lata tan fuerte, que las lágrimas se caigan como si fueran marineros de un barco al centro de un huracán; es una pena que no se evaporaran de día, aún estarían conmigo.

Pero ¿el llanto involucra sólo a las lágrimas? Porque aún corren por mis mejillas cuando me rio hasta el dolor de panza.

Mi reflexión continúa, no se acabaron las lágrimas, no he perdido la capacidad de llorar, simplemente he aprendido a sentir diferente, así como se amplía el umbral del dolor físico, el emocional supera sus límites.

Tengo que dejar de escribir, he cambiado las lágrimas por letras y el teclado se ha cansado de llorar.

Sean felices.

Abril López de la Mora @ABRILATZIRI

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