Las imágenes son más que dolorosas, un niño que camina siguiendo al grupo con la mirada perdida sin entender porque sus padres lo encargaron con un extraño, “es por tu bien” seguramente fue lo último que escuchó; a la distancia una mujer con las pocas fuerzas que le quedan camina cargando con un brazo una mochila vieja y con el otro a un bebé que se ve mucho más pequeño de lo que es, camina sofocada por el sol pensando en que su bebé no vivirá la pobreza con la que ella creció ni tendrá una muerte injusta como la que tuvo su padre. Siento ganas de llorar, no lo hago, me preparo para salir de casa y no quiero que se me corra el maquillaje, el egoísmo no me deja ver lo afortunada que soy.

Al salir de casa me molesta la cantidad de autos que pasan frente a ella, la remodelación de un boulevard provoca que los vehículos tengan que pasar por enfrente, pienso que el ruido no me dejará dormir y la calle se arruinará por los camiones que transportan materiales; horas más tarde mientras espero en un semáforo en rojo que se siente eterno, el taxista me comenta “no le vaya a dar dinero a ese señor con la niña, dice que es hondureño pero ya lleva aquí un mes, se para en diferentes esquinas” lo cierto es que llevaba un rato mirándolo tratando de adivinar sus pensamientos, la piel de su rostro estaba gruesa y curtida por el sol, ningún automovilista le dio dinero, no llegó hasta donde yo estaba, tenía monedas listas en la mano, sólo monedas, ni siquiera me pasó por la cabeza darle un billete.

Una mujer que espera en la fila del cajero se queja de la cantidad de personas de la CDMX que están llegando a vivir a los nuevos asentamientos a las orillas del estado de Hidalgo “nos invaden los chilangos, vienen con todo y sus mañas”, su compañera de conversación asentía con la cabeza.

Donald Trump enciende las redes sociales con su constante amenaza de un muro definitivo, incrementar el numero de elementos fuertemente armadosy detener sin compasión a quien se atreva a profanar el suelo estadounidense; nos horrorizan las palabras del hombre del falso bronceado, nos solidarizamos con quienes huyen de la muerte, la pobreza o la extinción, siempre y cuando no pretendan instalarse en nuestro jardín.

Es muy fácil solidarizarse con las causas a la distancia, llorando con las notas periodísticas, compartiendo en redes sociales, votando en change.org, redondeando centavos, aplaudiendo a “Las Patronas”, de lejos, siempre de lejos.

Somos hijas e hijos de la migración, la humanidad es de caminates; la búsqueda de alimento, siguiendo la señal divina, la esperanza de tierras fértiles, el deseo de conquistar nuevos territorios y ahora huyendo de la muerte, la violencia, el dolor y la locura. ¿Cómo meter la vida entera en una maleta? Como despedirse de la madre y los amigos, que zapatos elegir para el viaje sin retorno, al que no todos sobreviven, el viaje en el que encontrarás manos solidarias, pero también las garras de la violencia y la mafia de muerte que no quiere dejarlos ir con facilidad.

Lamentablemente esto es el inicio, de acuerdo con el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU, nos quedan 12 años para frenar las emisiones y evitar las peores consecuencias del cambio climático; el punto sin retorno, ya no huiremos de la violencia, ya no nos pararemos en los semáforos esperando caridad; nos moveremos buscando agua potable, aire respirable, alimento, alejándonos de los desastres naturales, de la extinción de las especies, huyendo de la propia muerte, estirando la mano cuando no hemos sido capaces de ofrecerla.

Por supuesto que sueno catastrófica, eso pretendo, no podemos seguir cegados a la necesidad, a la falsa pertenencia; a tratar de llenar con migajas la culpa por el desvalido, el migrante que muere, la migrante encarcelada, el olvidado, el fatigado, son responsabilidad global; estamos aquí porque alguien más se preocupó por nosotros, algunos de nuestros ancestros llegaron en barcos con solo lo que traían puesto, otros fueron expulsados por la guerra o las grandes construcciones, otros más vieron como las tierras de cultivo se convirtieron en edificios y otros simplemente una noche corrieron sin mirar atrás.

¿A dónde quieres mirar?

Los espero @ABRILATZIRI

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