Lobos que comen manzanas podridas

La tranza es la regla y la virtud la excepción, decepcionante pero cierto; para los que como yo los años 80 los vieron nacer esto resulta sorpresivo, desafortunadamente para los más jóvenes es el día a día. Reflexiono sobre esto ante la impotencia de ver como el crecimiento profesional o económico dependen, en la mayoría de los casos, de atributos o capacidades que no tienen nada que ver con honestidad, trabajo duro, esfuerzo, determinación o justicia.

No siempre fue así, o al menos no de esta manera, había que trabajar para obtener cualquier cosa y tener valores morales cimentados para no sucumbir a la tentación y quienes caían eran severamente juzgados (a excepción de una importante parte de la clase política que no vale la pena mencionar) dudo mucho que esta percepción sea producto de la inocencia de la pubertad.

Hay una frase del poeta Juan Ramón Jiménez que siempre resuena cuando tengo que tomar decisiones importantes “si os dan papel pautado, escribid del otro lado”, la interpreto como no tomar el camino fácil ya que todos han caminado por ahí, hay que abrir brechas, solo así se han hecho grandes descubrimientos o simplemente se logra salir de la zona de confort.

Definitivamente no califico moralmente como para juzgar a quienes me honran leyendo estas líneas, pero en serio, ¿no se sienten indignados por cómo se consiguen las cosas? Los sueldos altísimos de alguien menos calificado, la humillación a quien hizo lo correcto, el escarnio para quien denuncia y la desaparición para quien exige justicia.

Comencemos por las pequeñas cosas, como recomienda Serrat, no hagas lo que no te gustaría que te hicieran, levanta la voz ante las pequeñas injusticias, trabaja duro muy duro por lo que sueñas y si no se cumple, quédate con la satisfacción de no haberte cruzado de brazos, lleva la basura en tu bolso hasta encontrar un bote, no importa si los demás la tiran en la calle, ayuda a alguien aunque no lo agradezca, finalmente eso lo haces más por ti que por el resto; llega temprano a tus compromisos, ofrece disculpas sin esperar a que las escuchen, regresa el cambio de más, saluda al vecino que vive solo, abraza a quién este triste aunque se ponga tieso… hay tanto que hacer y tan poco que se ve.

Me siento esperanzada, mi sobrino de 8 años siempre verifica que las luces estén apagadas y las llaves de agua bien cerradas, me cuenta como en su salón de clase no toleran que molesten a los “pequeños”. Finalmente, como lo refiere Kant “hasta un pueblo de demonios sabe que debe ceder un poco para mantener el Estado de derecho”.

Sean felices.

Los espero en @abrilatziri

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