En las redes sociales, la celebración del “Día del Niño” es el escaparate para miles de fotos de la infancia de los usuarios, desde las clásicas “caritas” hasta las imágenes más bochornosas que en algún momento nuestras madres consideraron “tiernas”. La mayoría de estas fotos son acompañadas por frases sarcásticas por lo mucho que se ha cambiado o agradecimientos a la niña o niño que siempre soñó lo que muchos han logrado ser.

Sin embargo, al hablar con algunos adultos la realidad es otra, muchos piensan que tienen “para lo que les alcanzó” o “no había nada más”; desafortunadamente, cada día son más jóvenes las personas que consideran que han fracasado en la vida o que traicionaron a la niña o al niño que fueron. Mi trabajo me permite conversar con estudiantes universitarios, muchos de ellos, aún sin haber concluido la educación superior, consideran que su vida no es nada parecido a lo que soñaban; ¡tienen 20 años! y sienten que el tren ya se fue.

Creo que esta desesperanza se debe a las falsas expectativas, crecemos escuchando que la realización y la felicidad solo pueden alcanzarse siendo exitosos muy jóvenes, muchos textos destacan a “los 20 millonarios menores de 20” o “las 25 mujeres más exitosas menores de 30”; claro que eso pesa, a los 17 mi mayor preocupación era conservar mi primer empleo, por lo que no es raro que con la situación económica actual, a los 20, muchos de los estudiantes tienen como principal angustia terminar la semana con dinero suficiente para comer en la escuela.

No pretendo evangelizar sobre el verdadero significado del éxito, para muchos es la tranquilidad económica, la realización personal, la satisfacción de las necesidades indispensables o encontrar el amor verdadero; lo cierto es que debemos eliminar la presión sobre nosotros mismos y dejar de presionar a quienes nos rodean, a la pregunta ¿cómo te va?, generalmente utilizada para iniciar cualquier conversación, la respuesta se resume a un simple “bien” ya que en ocasiones consideramos que lo que digamos no será suficiente.

Un estudio realizado por la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge, revela que los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram son más propensos a sufrir problemas de salud mental, sobre todo angustia y síntomas de ansiedad y depresión; somos invadidos con cuerpos perfectos, atardeceres de postal, vacaciones en playas paradisiacas o un camping en lo que parecer ser el set de “El Señor de los Anillos”; a mi me encanta ver a mis amigos cumplir sus sueños, el problema surge cuando esas imágenes en lugar de inspirarnos nos sumen en la desesperanza  y nos dejan sin intenciones de alcanzar los nuestros.

No se trata de lograr el éxito en la vida, debemos hacer que la vida misma sea un éxito. Cuando tenía 8 años, pensaba que las personas de 13 eran lo suficientemente grandes para conquistar el mundo, ahora, con 37 mis expectativas han cambiado, la esperanza de vida mundial me permite creer que tengo mucho tiempo para cumplir mis sueños y mientras vivo trabajo para que cada cosa que haga sea “mi éxito”

¿Ustedes son lo que soñaban ser?

Los leo @ABRILATZIRI

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