Hablando de… Salvar al mundo

Una nublada tarde en los años 80 en mi mente se arraigó un pensamiento que lleva años dándome vueltas, canal 5 en su barra vespertina de los domingos transmitió “Cuando el Destino nos Alcance” de Richard Fleischer y yo desarrollé un “trauma por el inminente fin de la especie humana” (por favor si algún especialista en la salud mental conoce el nombre exacto agradeceré lo comparta); desde esa tarde vivo con el temor de que la antropofagia sea la única esperanza de vida, a esto hay que sumarle las invasiones extraterrestres, el gigante meteorito que solo el mismísimo Bruce Willis  puede detener, la invasión zombi y por último, y el más posible desde mi punto de vista, un cataclismo climático.

No pretendo bromear con algo que los científicos vienen advirtiéndonos desde el siglo pasado, lo cierto es que parece que gran parte de la humanidad, la que tiene acceso a medios electrónicos, sigue pensando que en el último segundo “alguien” nos salvará.

Al reflexionar sobre como en 37 años de vida no he desarrollado ninguna habilidad de supervivencia, como hacer fuego frotando dos piedras, distinguir las plantas comestibles de las venenosas, filtrar agua para que sea de consumo humano, construir refugios, cazar una víbora con un palito y una navaja o vivir sin mis lentes de contacto y mi teléfono celular; además de decepcionar a National Geographic, reconozco que los años de miedo al Armagedón no han generado mucha conciencia en mí.

Un reporte de la Organización de las Naciones Unidas reveló el escalofriante dato de que en el año 2050 (en 31  para ser exactos) el medio ambiente en la Tierra alcanzará su punto crítico y el planeta se terminará si no tomamos acciones ecológicas radicales y masivas pronto, suena serio y lo es; en 10 años habrá más deshechos plásticos en el mar que peces; lo interesante es que estos reportes siempre cierran con el esperanzador “si no hacemos algo”; el asunto es que ¡no estamos haciendo nada!, en el estado de Hidalgo, que es la belleza en donde vivo, hace un par de meses se prohibió el uso de plásticos desechables, desesperadamente compre 5 bolsas de tela de lindos colores y siempre traigo una en mi bolsa de mano por si se ofrece, sin embargo, aún los supermercados, plazas comerciales, establecimientos de alimentos y otros negocios siguen entregando productos en bolsas plásticas; es curioso como los pequeños comerciantes son los que mejor acataron la instrucción, tal vez sea por ahorro o conciencia ecológica pero ya tuve que caminar varios metros malabareando con limones y unos roles de canela.

He intentado juntar todo el papel y cartón que genero para que se recicle, pero son pocos los recolectores de basura que lo separan, no he conseguido llevar envases de plástico para mi comida y sigo dependiendo del unicel, eso sí, he triunfado llevando mi botella de agua a todos lados y en algunos lugares hasta la rellenan con agua de sabores. ¿Acaso soy una hipócrita del cuidado del planeta?, seguramente, y es que salvar al mundo requiere más que habilidades en artes marciales, correr más rápido que un zombi o pactar con vecinos de otros mundos, es necesario comprometernos como especie, dependiendo menos de los combustibles fósiles, ¿recuerdan el bello cielo azul durante la escasez de gasolina y diesel? , generando menos deshechos a través de las 3 R´s: reusar, reducir y reciclar, plantar árboles verificando que sean los adecuados para el tipo de terreno y se cuide su crecimiento, seguramente ustedes conocen otras opciones y tal vez estén cansados de escuchar las advertencias, pero el tema es que ya se nos paso la oportunidad de cuidar el planeta y ahora debemos salvarlo, si es que pretendemos no ser la última generación de la raza humana.

¿Saben? Le temo mas a la indiferencia que a terminar siendo una galleta verde.

¡Sean felices!

Las y los leo en @abrilatziri

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