Cuando el olvido nos alcance…

Bloqueamos. El bloqueo de pronto se volvió en algo particular de esta generación que sólo ve belleza a través de filtros, a través de fotografías prefabricadas, preproducidas. La memoria se convirtió en algo que le dejamos a una red social. Una responsabilidad que comienza a las 00:00 horas con el “Ver tus recuerdos en Facebook” y que nos permite darnos cuenta que ya no almacenamos imágenes en la memoria.

Valiosas son las personas que tienen en su cabeza todos aquellos recuerdos que los hicieron felices. Papá es una de ellas. Cada que nos cuenta sobre cómo era la infancia en la vecindad de González Ortega, allá en Tepito, se le iluminan los pequeños ojos apenas protegidos por unas cuantas pestañas cortas.

Habla de cómo vendía paletas y de las regañizas que le ponía la abuela Chole cuando se enteraba que se iba a meter a las canchas de futbol y que dejaba la caja de paletas a la deriva. Papá sabía que uno de sus hermanos mayores llegaría a rescatarlo y a ayudarlo con la vendimia después de haber anotado unos cuantos goles con el Palmeiras, enfundado en ese eterno número 6 que siempre ha portado en los dorsales.

Papá no olvida cuando cada fin de cursos tenía que pararse a mi lado para la fotografía con mis diplomas de primer lugar en la primaria. No olvida cómo conoció a mamá y cómo fue que sus amigos le decían “hasta que te conozco a una con zapatos”, porque reconocían que mi mamita era lo mejor que le pudo haber pasado en la vida.

Papá no olvida que lo primero que hizo mamá al verme llegar al mundo fue contarme los deditos de los pies y de las manos. No olvida que siempre nos decía que “hablarle al chile” al mundo era lo mejor y que de él siempre podíamos esperar eso… Papá no olvida que éramos inseparables y que andar de un lado a otro compartiendo deportes nos hacía una gran pareja.

Cuando el olvido nos alcance, asegurémonos de tener a alguien que nos recuerde quiénes somos y qué hicimos de bueno en este mundo. Cuando el olvido nos alcance, asegurémonos que quienes estén a nuestro lado, siempre nos hagan sentir los seres más amados del universo. Cuando el olvido nos alcance, permítanse un tiempo para tomar las manos de ese al que la memoria lo ha traicionado con algún tipo de mal, para recordarle cuánto lo aman… En estos tiempos en que el amor se ha vuelto frívolo y por demás efímero, antes de que el olvido nos alcance, digamos “te amo” lo suficiente como para que, aunque se pierda la memoria, siempre podamos hacérselo sentir al otro… Aunque el olvido nos alcance, digamos “te amo” cada que sea necesario… Cada que lo sintamos… Digámoslo sin avergonzarnos. Digámoslo porque lo sentimos… Eso me enseñó papá y es algo que, seguramente, nunca voy a olvidar…

Laura Corona-Almaraz

Twitter: @LauAlmaraz

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