Cuando a uno se le cae el cantón

Regreso y regreso, he de decirlo, hecha trizas. Hay que saber cuando uno no está bien y en mi caso, lo reconozco más de las veces que quisiera realmente hacerlo.

Los pedazos tendrán que irse pegando poco a poco, aunque no se vuelva a ser el mismo.

Ha sido un mes bastante complicado, con demasiadas emociones y sorpresas que la vida se ha encargado de tenerme preparadas formaditas como fichas de dominó, una tras otra.

No tengo empleo. Qué pasadez de lanza, dirán algunos. Y sí. Qué pasadez. Pero me siento ya más tranquila. Me siento con mayor paz emocional, creo.

Recuerdo claro las palabras que le decía a Yobei: “el día que yo deje de trabajar aquí, mucha gente que llegó fácilmente, se irá igual de fácil”. Y así fue. No repararé en detalles, sólo diré que cuando alguien tiene un problema, lo primero que se hace es atenderlo, ver si necesita ayuda, cuestionarlo, y no darle la espalda. Eso es primordial.

Necesitaba un poco de espacio, también voy a decirlo. No era fácil tener contacto con la gente, de alguna manera estaba o estoy, no sé, viviendo un duelo. Fue entonces cuando el golpe de realidad me dejó menos maltrecha que antes. Yob me dijo que le daba demasiada importancia a la gente que se había ido pero no cuidaba a los que se habían quedado, de ellos no me acordaba. Y era cierto. No que no me acordara, simplemente necesitaba un poco de espacio, necesitaba replantearme qué cosas estaba dejando de hacer y qué otras debía dejar de hacer para alcanzar a ser un poquito de ese positivo ser que ustedes conocen.

Mi principal argumento fue querer estar sola. Apreciar también la soledad como una condición humana y no como algo malo. Papá me dijo: “¿Qué se siente que a uno se le caiga el cantón y nadie le llame por teléfono para saber cómo está?”

Culero, papá. Se siente culero. Pero sentí más terrible cuando no le estaba estirando la mano a quienes sí estaban escuchando mis gritos de auxilio.

Pero, señoras y señores, uno llora un par de días. Si bien el corazón, el interior no vuelve a ser el mismo, uno no tiene de otra más que seguir, impulsarse, saltar para no ver hacia abajo.

¿Qué hace uno cuando se le cae el cantón? Les pregunto ahora yo a ustedes. ¿Qué pasa cuando se quedan sin trabajo, sin pareja, sin “amigos”?

Exacto. Uno analiza. Los amigos, de verdad, con los dedos de una mano. Esos también se procuran. Pocos tenemos la suerte de que la pareja se convierta en un mejor amigo y yo ahora gozo de eso.

Mis gritos, que de verdad fueron muy fuertes para la gente que los escuchó, sirvieron para tener un momento de catarsis.

Es tiempo de seguir. Es tiempo de continuar siendo esa persona positiva de la que la gente se enamora. Es tiempo de cultivar a los amigos que se quedaron. Les juro, por lo más sagrado que tengo, que los voy a cuidar siempre.

Por: Laura Corona Almaraz @LauAlmaraz

Siempre leí de noche. Me ganan los abrazos, la música, las palabras nuevas, el ser humano cuando sonríe, cuando llora, cuando vive. Voy y vengo, coma, punto, edición, fin.