Apuntes sobre la poesía

La poesía es el descubrimiento del ser, de la vida, del dolor, del amor, de la muerte. Es música también (sobre todo es música). Música que conmueve al leerse, al escucharse interiormente en silencio, al recitar, al escuchar recitar.

La poesía es una amalgama entre la música y las vastas y misteriosas posibilidades del lenguaje. Sin embargo, el núcleo de la poesía es otro: se encuentra en las angustias y alegrías cotidianas, insignificantes  y trágicas, se encuentra en nuestros cuerpos, en nuestras hormonas y neuronas, en nuestros ojos, bocas y pensamientos. La poesía es una comezón metafísica, un deleite carnal, un funeral con ritmo.

La poesía es subjetiva, como toda la definición que he dado de ella. Hay tantas definiciones de la poesía como hay poetas. La poesía es la licencia de modelar el mundo que percibimos con la arcilla de las palabras, con nuestras vísceras, con nuestra telaraña de lamentos. La poesía es una metáfora de lo que llamamos “realidad” y decirlo de esa manera, ciertamente, es una pésima metáfora.

El poema es diferente, es el medio por antonomasia para expresar la poesía. El poema es el ente plástico que contiene la experiencia poética y el cual dispone de una serie de recursos y técnicas en su creación para que el poema refleje esa experiencia de la manera más fiel posible.

El recurso básico del poema es el verso, que es una línea, una respiración de palabras de longitud variable que expresa una idea, similar a una línea melódica en música. El conjunto de esos versos se llama estrofa, y el conjunto de estrofas conforman el cuerpo del poema. Como lo he mencionado antes, la poesía tiene algo de música, en el poema se refleja a través de otro de sus elementos básicos: el ritmo.

El encadenamiento de los versos producen un ritmo marcado por las propiedades fonéticas de las palabras y el uso que se le den produce un efecto específico en nuestros oídos. La rima, los ecos, las anáforas son algunos de los recursos más usados para provocar este tipo de efectos, además del cómputo silábico y las cadencias de los versos, elementos necesarios para mantener una armonía fonética en el poema.

Más allá de los versos, el ritmo y la sonoridad, hay otro elemento más de gran importancia y fuerza expresiva: la imagen poética. La combinación de palabras usadas en los versos crean en nuestra mente imágenes con la fuerza necesaria para provocar una emoción.

Estás imágenes son más fecundas cuando se combinan sustantivos abstractos con sustantivos concretos, tangibles en el mundo físico, es decir que podemos experimentar con nuestros sentidos a diferencia de los abstractos. No es necesariamente una regla, sin embargo es un recurso eficaz para generar imágenes. Este choque semántico es capaz de penetrar los límites lógicos de nuestra realidad inmediata y concreta, permitiéndonos contemplar la experiencia desde otro enfoque y conmovernos.

La imagen es, en mi opinión, la esencia del poema, pues en ella está contenida la fidelidad de la experiencia poética. Las imágenes conectan directamente con nuestros sentidos, de tal manera que al leer un poema podemos palparlo, olerlo, saborearlo, verlo, efecto de las imágenes poéticas.

Por último, tenemos otros recursos importantes para la composición de los poemas que ayudan a reforzar estas imágenes y todos los elementos anteriormente mencionados: las figuras retóricas. Estas figuras, también llamadas tropos, son apoyos literarios de los cuales el autor dispone para dar énfasis, originalidad, belleza y expresividad a las palabra con en el fin de lograr un efecto estético.

Los poemas están llenos de estas figuras retóricas que ensalzan sus cualidades fonéticas y de significado, por ejemplo la aliteración, figura retórica que consiste en la repetición de un palabra logrando así un efecto fonético, o la metáfora, que a través de una relación de comparación entre dos conceptos distintos se obtiene una idea nueva.

La metáfora es quizá la figura retórica más utilizada en la poesía, pues posee una fuerza expresiva enorme, pues gracias al cambio semántico que provoca produce imágenes estéticas bastante interesantes y acertadas.

Existen esencialmente dos tipos de poemas: los de verso tradicional y los de verso libre. Cada uno de ellos tiene reglas y formas propias. El verso tradicional es el más antiguo conocido en nuestra lengua, es un verso compuesto por métrica, rima, y ritmo sujeto a reglas muy específicas.

Las formas del poema que se construyen bajo estas reglas se dividen en dos: poemas de versos de arte mayor y poemas de versos de arte menor. Los primeros se componen a partir de nueve sílabas hasta un máximo de quince. Uno de estos versos son los sonetos, composiciones poéticas formadas por catorce versos de arte mayor, usualmente de once sílabas, llamados endecasílabos y de rima consonante cada cuarteto y terceto del poema.

Los poemas de verso menor son construidos a partir de dos sílabas hasta un máximo de ocho. Los romances son poemas característicos del verso menor, compuestos por octosílabos con rima asonante en los versos pares. Este tipo de poemas es una larga tradición oral, en nuestro país los corridos, cantos mexicanos populares, son herederos de esta tradición.

Por otro lado tenemos al verso libre, caracterizado por la ruptura con el verso tradicional y las reglas de rima y métrica que lo representan. El verso libre busca la experimentación expresiva. Esta aparente libertad abre camino a nuevas formas poéticas, donde la medida es polimétrica y la rima  de los versos es variable o carente de ella. Este permite una expresión sin límites ni reglas.

Este tipo de poesía es la más popular hasta nuestros días, explorada por grandes poetas del siglo veinte pertenecientes a las vanguardias. Sin embargo hay una mal interpretación de este tipo de poesía, que no tenga limitantes no quiere decir que tenga poesía. Es común ver poesía en “verso libre” que de poesía no tiene nada, no hay ritmo, ni rima, ni imágenes poéticas. Pareciera que es simple prosa versificada.

Hay que tener cuidado con este tipo de poesía, pues si bien puede adquirir una fuerza expresiva enorme, hay que tener siempre los recursos y las técnicas poéticas para lograr la expresividad deseada y no caer en poemas muertos, plásticos o huecos.

Por último, no hay que olvidar que la poesía es como el agua, toma cualquier forma que le otorgamos. Es un lenguaje líquido, corrosivo, invisible y terso. La libertad de reordenar nuestra idioma nos permite explorar las partes etéreas de nuestro ser y de nuestra impresión del mundo, es darle un significado distinto al ordenamiento lógico de nuestra comunicación, es abordar las palabras desde ángulos no imaginados.

La poesía es un acto de libertad y también de obsesión con el lenguaje. Cabe mencionar que la poesía es inútil en nuestra sociedad, no sirve para nada ciertamente, pero conforta el alma, endulza el oído, humaniza, conmueve (su propósito es inmaterial, si es que tiene uno, pero lo dudo). En nuestros días nos hace falta todo eso, nos hacen falta poetas y poesía y mirar hacia la imposible tarea de cambiar al mundo con poesía.

Gerardo Reyes Chávez.

Facebook: Gerard Reych


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